En medicina, pocas cosas resultan tan peligrosas como creer que ya sabemos lo suficiente.
Cada día aparecen nuevas tecnologías, tratamientos, procedimientos y, más recientemente, herramientas de inteligencia artificial que prometen transformar la manera en que diagnosticamos, investigamos y atendemos a nuestros pacientes. El entusiasmo es comprensible. Pero en salud, una promesa nunca puede ser suficiente. Antes de incorporar una innovación debemos preguntarnos si funciona, para quién funciona, cuánto cuesta y, sobre todo, si realmente mejora la vida de las personas.
Ahí comienza la investigación.
A veces se piensa en ella como un territorio reservado a grandes universidades, sofisticados laboratorios o científicos alejados de la práctica clínica cotidiana. Es una mirada equivocada. Investigar está profundamente ligado al ejercicio de la medicina porque obliga a desarrollar una competencia fundamental: aprender a formular buenas preguntas antes de apresurarnos a encontrar respuestas.
Esto cobra especial importancia en regiones como el Maule.
No basta con conocer lo que ocurre en hospitales de Santiago, Europa o Estados Unidos. Necesitamos generar y analizar evidencia que dialogue con nuestra propia realidad sanitaria, con nuestros hospitales, nuestra atención primaria, nuestras comunas y nuestros pacientes, que es lo que hemos tratado de hacer a lo largo de estas cuatro Jornadas de Investigación Médica del Colegio Médico del Maule. Porque una intervención puede ser extraordinaria en el papel y, sin embargo, no necesariamente representar la mejor alternativa para la población donde pretendemos aplicarla.
Hoy, además, enfrentamos otro desafío. La cantidad de información científica disponible es inmensa. Ya no se trata solamente de acceder al conocimiento, sino de saber distinguir qué evidencia es sólida, cuál tiene limitaciones y qué conclusiones podemos obtener razonablemente de ella. Las revisiones de la literatura cumplen precisamente esa función: ordenar el conocimiento para tomar mejores decisiones.
La inteligencia artificial puede ayudarnos en ese camino. Puede agilizar búsquedas, sistematizar información y optimizar determinadas etapas de una investigación. Pero sería un error entregarle aquello que continúa siendo esencialmente humano: el juicio crítico. La tecnología puede ayudarnos a procesar datos; no puede reemplazar nuestra responsabilidad frente a un paciente.
Por eso resulta especialmente valioso que médicos de atención primaria, profesionales provenientes de distintas comunas, residentes, especialistas y docentes universitarios se encuentren para hablar de investigación. En esa diversidad probablemente se encuentra una de nuestras mayores fortalezas.
La medicina avanza porque alguien, en algún momento, se atreve a preguntar si podemos hacerlo mejor.
Y quizás esa sea una de las formas más profundas de cuidar: no conformarnos con lo que sabemos hoy cuando todavía podemos descubrir cómo ayudar mejor mañana.
Dr. Sergio Sotelo Hernández, médico- cirujano, especialista en Cirugía general y PhD en Ciencias Médicas, docente de la UCM para los ramos Cirugía y metodología de investigación en el postgrado.
