Mientras el Hospital Regional de Talca destaca la ausencia de lista de espera para la cirugía oncológica inicial de pacientes con cáncer de mama, el testimonio de una paciente revela una realidad menos visible: reconstruir la vida después del tratamiento puede ser tan desafiante como enfrentar el diagnóstico.

Rosbelis Pérez recuerda el miedo. También el cansancio y esa pregunta que parecía no tener respuesta: ¿cuándo terminará esta pesadilla? Fueron aproximadamente tres años entre el diagnóstico de cáncer de mama y su última cirugía de reconstrucción. Un período que transformó no solo su cuerpo, sino también la manera de mirarse a sí misma.

Al principio, lo único importante era sobrevivir. La apariencia física parecía secundaria frente a la amenaza de la enfermedad. Pero cuando llegó la mastectomía, descubrió que superar el cáncer no significaba necesariamente recuperar su vida anterior.

«Sentí que todo cambió. No era yo», recuerda sobre el impacto de perder una mama.

Su experiencia pone rostro a una enfermedad que exige mucho más que tratamientos médicos. Porque detrás de cada diagnóstico hay una mujer que debe enfrentar temores, cambios físicos, incertidumbre, y muchas veces, una difícil recuperación emocional.

Una respuesta médica que busca ganarle tiempo al cáncer

En el Hospital Regional de Talca (HRT), la Dra. Carolina González (mastóloga) explica que el equipo de cirugía mamaria ha conseguido un resultado relevante: actualmente no mantiene lista de espera para la cirugía oncológica inicial de las pacientes con cáncer de mama que requieren este tratamiento.

La garantía GES contempla un plazo de 30 días para el inicio del tratamiento. La especialista destaca que la organización del equipo permite ofrecer una respuesta quirúrgica oportuna a las pacientes cuya primera etapa terapéutica es la cirugía.

El resultado responde a una combinación de factores: disponibilidad de pabellones, coordinación entre profesionales y una comunicación directa con la Atención Primaria de Salud.

Las matronas de los centros de salud cumplen un papel decisivo. Desde allí se detectan las sospechas y se gestionan las derivaciones, mientras el equipo hospitalario procura acelerar las evaluaciones y definir oportunamente los tratamientos.

Pero la Dra. González sostiene que la eficiencia clínica constituye solo una parte de la respuesta.

«Para mí, compartir con los pacientes es parte del tratamiento», afirma.

Conocer sus familias, sus redes de apoyo y las herramientas emocionales con que enfrentan la enfermedad resulta tan importante para la especialista como comprender su condición clínica.

La vida después del cáncer también importa.

Para Rosbelis, la recuperación también significó aprender a convivir con nuevas limitaciones. Tras el tratamiento quirúrgico axilar, experimentó dificultades funcionales en uno de sus brazos y, según relata, desarrolló linfedema, una complicación que le provoca molestias y dificultades en su trabajo cotidiano.

Retomar su actividad laboral, algo que anhelaba profundamente, terminó convirtiéndose en otro desafío. Quería recuperar la normalidad, pero su cuerpo todavía enfrentaba las consecuencias del tratamiento.

La reconstrucción mamaria adquirió entonces un significado que iba mucho más allá de la apariencia: representaba la posibilidad de reencontrarse consigo misma.

Sin embargo, la atención del cáncer de mama no termina con la cirugía oncológica. Para muchas mujeres, la recuperación continúa durante meses o años e incluye rehabilitación física, acompañamiento emocional, y cuando así lo desean, reconstrucción mamaria. “Esta última es una opción personal, no una obligación: cada paciente debe poder decidir según sus preferencias y necesidades”, enfatiza la especialista.

Aunque se han logrado avances en la oportunidad de la cirugía oncológica inicial, persisten desafíos en el acceso a las reconstrucciones mamarias diferidas. Fortalecer esa etapa es parte de ofrecer una atención integral que contemple también la calidad de vida después del cáncer.

Su historia también refleja la importancia de organizaciones de acompañamiento como Claro de Vida, con la cual la professional de la salud mantiene un vínculo de cooperación y apoyo a las pacientes.

En el mes de concientización sobre el cáncer de mama, ambas miradas convergen en una misma enseñanza: la atención oportuna puede cambiar el curso de la enfermedad, pero una recuperación integral requiere acompañamiento mucho después de la cirugía.

Rosbelis lo resume con un mensaje para quienes hoy enfrentan el diagnóstico: «Sí se puede».

Porque sobrevivir es fundamental. Pero volver a sentirse una misma también importa.

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