El suicidio es un tema que poco a poco ha comenzado a visibilizarse en nuestra sociedad. Durante años fue silenciado por los medios de comunicación y estigmatizado por creencias religiosas, lo que impidió abordarlo con la empatía y seriedad que merece.

Hasta hace poco, no se comprendía como la consecuencia de una enfermedad mental o de una crisis emocional, y la idea de prevenirlo apenas se consideraba posible. Hoy, gracias al diálogo y la educación, se entiende que hablar del suicidio es una forma de salvar vidas.

Según los datos más recientes disponibles del Ministerio de Salud —correspondientes a la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017—, en personas mayores de 18 años:

  • El 2,2% ha pensado alguna vez en quitarse la vida.
  • El 1,5% ha llegado a planificar cómo hacerlo.
  • Y el 0,7% ha intentado suicidarse.

“Si uno se pone a analizar, son cifras altas. De todas maneras, entre los que lo han pensado hasta los que lo han concretado, hay un porcentaje que queda por fuera, pero igual son cifras altas”, señala la psiquiatra Susana Urbani, doctora del área de Psiquiatría Ambulatoria del Hospital Regional de Talca, e integrante del Colegio Médico del Maule.

La especialista detalla que, en promedio, de cada 100 mil habitantes, 10,2 mueren por suicidio.
“Las tasas en personas mayores han mostrado un importante aumento, sobre todo en hombres. La tasa supera los 25 casos en mayores de 70 años y los 28 en mayores de 80 años, por cada 100 mil habitantes. En adolescentes, aunque ha habido una leve baja -en comparación con años anteriores- sigue siendo una de las principales causas de muerte en este grupo”, explica la Dra. Urbani.

Otro dato relevante es la diferencia entre hombres y mujeres: la muerte por suicidio es cuatro veces más frecuente en varones.
“Esto ocurre porque los hombres suelen utilizar métodos más letales, y es una tendencia que se repite a nivel mundial”, agrega la especialista.

En cuanto a la distribución geográfica, en el año 2017 las tasas más altas de suicidio se registraron en las regiones de Los Lagos, La Araucanía, Los Ríos y el Maule, con cifras superiores a 12 casos por cada 100 mil habitantes.

“El suicidio puede prevenirse”

Respecto a cómo se llega a esta decisión, la Dra. Urbani explica que, en muchos casos, el proceso comienza con una idea pasiva —“¿qué pasaría si me muriera?”— que puede evolucionar hacia una ideación activa y planificada.
“También existen casos donde el intento ocurre de manera impulsiva, sin una ideación prolongada. Esto suele presentarse en personas con ciertas características de personalidad, que tienden a actuar sin pensar demasiado, como ocurre en algunos trastornos de personalidad”, detalla la psiquiatra.

Sobre la prevención, la especialista enfatiza la importancia de buscar ayuda a tiempo.
“Hablarlo con alguien de confianza y acudir a un profesional de salud mental —psicólogo, médico o psiquiatra— es lo principal. Que alguien lo sepa es clave para poder actuar y tomar medidas oportunas”, señala.

Finalmente, destaca la necesidad de educar y desmitificar el tema a nivel social:
“La educación es fundamental, sobre todo en población de riesgo como adolescentes y adultos mayores. Al contrario de lo que se piensa educar ayuda a prevenir”.

Por ello advierte que es crucial que se realicen campañas de información, charlas y estrategias comunitarias que expliquen qué es el suicidio, cuáles son sus factores gatillantes y sobre todo, que no se penalice ni estigmatice. “Quien piensa en el suicidio es una persona que necesita ayuda, no un juicio, y si ha comentado algo relacionado a este tema es fundamental escucharlo y ayudar, como medida de prevención”, finalizó la profesional.

 

Dra. Susana Urbani, psiquiatra del HRT, e integrante del Colegio Médico del Maule: «Quien piensa en el suicidio es alguien que necesita ayuda y es importante que no se penalice ni estigmatice».